LUIS ESPINAL CAMPS
Sabado, 20 de Marzo de 2010
”Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen, hacer un favor al que no va a devolver. Gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta sin falsas prudencias, es quemar las naves en bien del prójimo” Pensamiento del padre Luís Espinal expresado en sus “Oraciones a Quemarropa” señalando una senda determinada por donde debíamos trajinar quienes asegurábamos estar comprometidos con la causa altruista de forjar una sociedad más justa.
Este 22 de marzo se cumplirán 30 años de su vil secuestro y posterior asesinato, perpetrado meses antes del Golpe militar protagonizado por García Meza y Arce Gómez, como parte de la cadena de acciones de terrorismo de Estado, previos al fatídico 17 de julio de 1980. Lo que jamás calcularon los paramilitares que lo esperaron cerca de su domicilio en Miraflores para, llevarlo rumbo al matadero municipal del barrio de Achachicala y consumar el crimen de lesa humanidad, es que, a partir de ese 22 de marzo, Lucho alcanzara la inmortalidad, pues aún continúa iluminando nuestras vidas, sigue siendo el referente ético, el ejemplo de compromiso por los derechos de un pueblo, la inspiración permanente que permita reciclar nuestro espíritu de lucha y una constante conminatoria para levantarte una y otra vez ante las caídas y frustraciones. Entonces no sólo está el recuerdo de un maestro, quedaron vigentes las enseñanzas, los principios que sobreviven en cada militante por la vida, en cada defensor o defensora de los derechos humanos.
“Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida”, reza otra frase de sus “Oraciones a Quemarropa” y le pide a Dios: “Líbrame de la prudencia cobarde que me hace evitar el sacrificio y buscar la seguridad”. La imagen de este personaje vuelve a relucir en momentos tan cruciales por los que atraviesa el país, al cual le tomó un gran cariño aquel sacerdote jesuita español que llegó a Bolivia para quedarse por siempre en nuestros corazones.
La pregunta es, cuánto hacemos para ser consecuentes con la causa de Luís Espinal?, será suficiente el discurso político?, una marcha, una nueva Constitución o una romería en su nombre? Es necesario revalorizar la memoria histórica, ésta nos permitirá la formación de nuevas generaciones que conserven su sentido crítico frente a la maquinaria de la manipulación de conciencias. En momentos en que la palabra “cambio” resuena en diferentes ámbitos, cabe preguntarse si realmente estamos dispuestos a transformar Bolivia, si es así empecemos por cambiar nosotros mismos, no se forja un mejor futuro reconstituyendo los mismos bolsones de autoritarismo e intolerancia que tuvieron vigencia en el pasado. Ser leales a la memoria de Luís Espinal, es sacar a los pobres de su histórico marginamiento social y económico, mejorando su calidad de vida, extinguiendo los mecanismos de discriminación, construyendo un verdadero sistema de igualdad de derechos. Ser consecuentes con las ideas de Lucho, es fortalecer la democracia, garantizando el respeto a los derechos humanos y las garantías constitucionales para todos sin restricciones, es permitir la vigencia del sistema de pesos y contrapesos, la independencia política de sus instituciones. Se trata también de cubrir la deuda que tenemos con la paz, combatiendo todo intento de retorno al armamentismo, es forjar un nuevo perfil de las Fuerzas Armadas que si bien ya no golpean pero que aún obstruyen el esclarecimiento respecto a los atropellos de sus antecesores contra la dignidad humana. Hablar a nombre de Espinal es decirles a loe ejércitos de los Estados poderosos que las víctimas de la guerra se llaman muertos y no son “daños colaterales”, que los millones de dólares invertidos en armas, pueden paliar el hambre de millones de niños en Africa y América.
Lucho, tu que nos sigues acompañando, pídele a Dios que la vocación de justicia y la sensibilidad humana, sean la opción de vida de quienes ejercen el poder, acá y en todas partes.
* Ex Defensor del Pueblo - Bolivia
Autor : Waldo Albarracin *